Hoy vamos a desmontar un mito muy extendido:
La “postura perfecta” no existe.
Existe tu postura ideal.
Y no tiene que ver con la estética.
Tiene que ver con la economía, el equilibrio y el confort.
• “ponerse recto”
• sacar pecho
• apretar el abdomen
• bajar los hombros
Como bailarina, esa fue mi escuela.
Una postura para subir al escenario.
Como profesora de yoga, repetí esa misma rigidez: líneas infinitas, cuerpos homogéneos, alineaciones universales.
¿El problema?
Que eso no corrige nada.
Solo añade esfuerzo.
Es una organización interna.
No es una posición fija.
Es la manera en que tu cuerpo administra tensiones para gastar la menor energía posible.
Cuando fuerzas la verticalidad:
• los músculos se contraen de forma constante
• aumenta el gasto energético
• aparece rigidez
• y, con el tiempo, dolor
El cuerpo no busca rigidez.
Busca economía.
Por eso, cuando alguien se “pone recto” y trata de mantener esa posición por más de 20 segundos, suele sentir:
• cansancio
• incomodidad
• tensión en cuello, espalda o mandíbula
❌ No es debilidad.
✅ Es fisiología.
Una postura funcional no se corrige desde fuera.
Se organiza desde dentro.
Se basa en tres principios clave:
Economía → el cuerpo se sostiene sin esfuerzo innecesario
Equilibrio → las cadenas musculares y fasciales trabajan sin competir
Confort → puedes mantenerla sin tener que corregirte cada 2 minutos
No existe una postura universal.
Cada cuerpo tiene su propia forma de organizarse, según su historia, su respiración y su movimiento.
El sistema músculo-fascial es una red.
Cuando las cadenas que flexionan y las que extienden están en equilibrio:
• la postura se estabiliza
• el movimiento se vuelve fluido
• el cuerpo gasta menos energía
Pero si una cadena tira más que otra:
• aparecen compensaciones
• el esfuerzo se distribuye mal
• y el dolor surge, incluso sin lesiones
Por eso, muchas personas “se cuidan”…
y aun así siguen rígidas o contracturadas.
No es falta de voluntad.
Es una organización corporal ineficiente.
En el famoso experimento de Iowa (Antonio Damasio), se demostró que el cuerpo reacciona antes que la mente entienda.
Cambios en la tensión, respiración o postura ocurren segundos antes de que una persona pueda explicar lo que siente.
El cuerpo sabe lo que la mente aún no ha procesado.
Y cuando el cuerpo y las palabras no coinciden, el cerebro cree al cuerpo.
✅ El lenguaje puede mentir.
❌ La postura, no.
Tu postura no solo afecta cómo te mueves.
Afecta cómo piensas y recuerdas.
Estudios muestran que:
• una postura encorvada favorece recuerdos negativos
• una postura erguida facilita recuerdos positivos
Incluso una simple expresión facial modifica cómo interpretas la realidad.
El cuerpo da forma a la emoción. No al revés.
No corrigiéndola.
Explorándola.
Un ejercicio simple:
1. Suelta la idea de “ponerte recto”.
2. Balancéate suavemente adelante y atrás.
3. Encuentra el punto donde el cuerpo se sostiene con menos esfuerzo.
4. Observa cómo cambia tu respiración.
5. Afloja microtensiones: hombros, mandíbula, abdomen.
Una buena postura se siente ligera, no rígida.
Tu postura ideal no se impone.
Se descubre.
Cuando el cuerpo recupera economía:
• el dolor disminuye
• el movimiento se vuelve más libre
• la energía se distribuye mejor
La economía corporal no es una moda.
Es la base real para reducir el dolor y recuperar libertad.
Te invito a mi taller presencial de postura y movimiento:
🔸 No para corregirte desde fuera
🔸 Sino para enseñarte a organizarte desde dentro
🔸 Y volver a moverte con menos esfuerzo, más conciencia y más disfrute
Después de 20 años trabajando con el cuerpo, hay algo que tengo claro:
cuando el cuerpo encuentra su economía, todo se vuelve más liviano.
Si quieres comprobarlo por ti misma/o, te espero en la próxima práctica.
Jenny Tenjo