La fascia tiene líneas de tensión.
Y cuando una zona se restringe, no afecta “solo ahí”.
Afecta a todo.
Porque cambia con los años, sin que te des cuenta.
tu postura
la posición relativa de tus huesos
la forma en la que los músculos trabajan
tu rango de movimiento
Es decir: una restricción en costillas o axila puede limitar un hombro… y también alterar el lado contrario.
El cuerpo compensa en global porque la red es global.
Durante siglos, en disecciones, la fascia se cortaba y se tiraba.
Se la trataba como “material de embalaje”. Como el relleno de una caja: está ahí, pero “no significa nada”.
Pero significaba todo.
Y quizá por eso pasa esto: un día la espalda “se va”, la rodilla “falla”, el cuello “se bloquea”.
A veces la respuesta no es mística ni dramática.
Es más simple: tu fascia está comprometida.
La fascia es una red continua de tejido conectivo que envuelve y conecta:
músculos (por dentro y por fuera)
huesos (refuerza el sistema)
vasos sanguíneos y nervios
órganos (fascia visceral)
tendones y ligamentos (sí: también entran en el “paraguas” de fascia)
Está hecha sobre todo de colágeno, además de elastina, ácido hialurónico y agua.
Y funciona como una estructura tensada: tensión + integridad.
En simple: no eres un conjunto de piezas. Eres una sola telaraña continua.
Porque la fascia no se ve “bien” en muchas pruebas de imagen clásicas:
Resonancia (MRI)
Rayos X
TAC (CT)
Y entonces aparece el clásico:
“no tienes nada… pero a ti te duele”.
Porque la fascia es extremadamente sensorial.
Tiene muchas más terminaciones nerviosas que el músculo.
Por eso el dolor fascial puede sentirse:
más difuso
más insistente
más fácil de volverse crónico
menos “localizable”
No es debilidad. Es sensibilidad + red.
La fascia es entrenable.
Responde al estrés mecánico: según lo que repites, tu cuerpo fabrica y organiza colágeno para sostener esa demanda.
Eso es maravilloso… y peligroso.
Si repites movimiento variado, carga bien dosificada y buena higiene postural: tu red se vuelve más resistente y elástica.
Si repites sedentarismo, encorvarte, cruzar siempre las piernas, vivir en un rango mínimo: tu cuerpo se reorganiza para mantener esa forma.
Después de años, ya no es “tensión”: es estructura.
Mucho entrenamiento y muchos estiramientos siguen aislando músculos como si el cuerpo fueran piezas sueltas.
Por eso puedes ganar fuerza en el gimnasio y seguir sintiéndote “flojo” en lo cotidiano: cargar bolsas, caminar mucho, moverte rápido, sostener postura, respirar bajo presión.
La fuerza útil no es solo músculo.
Es tejido conectivo dinámico + coordinación + elasticidad.
Esto no es consejo médico; es educación corporal básica.
Si hay lesión seria o dolor agudo, toca evaluación profesional.
La postura ideal no es estética: es económica. Busca alineación elástica, no rígida.
Regla simple: cada 60–90 minutos, 60 segundos de movimiento.
círculos suaves de columna
movilidad de caderas
brazos arriba sin forzar
respiración nasal lenta mientras te mueves
La fascia responde a estímulos elásticos. Rebotes pequeños y controlados pueden reactivar el sistema sin machacarlo.
Caminar cargando algo moderado entrena fascia, postura y estabilidad real.
Tu red se organiza desde el suelo. Mejor apoyo + movilidad de tobillo = efectos arriba.
Hoy sabemos que también es una red que te da forma, modula tu movimiento y explica por qué a veces el cuerpo colapsa sin previo aviso.
La pregunta práctica no es: “¿qué músculo está débil?”
¿Qué patrón estás repitiendo cada día que tu fascia está aprendiendo a sostener?
Si quieres aprender a entrenar tu postura desde un trabajo real de fascia + respiración, te invito a mi taller de Respiración, Postura y Movimiento.
Después de 20 años trabajando con el cuerpo, hay algo que tengo claro:
cuando el cuerpo encuentra su economía, todo se vuelve más liviano.
Si quieres comprobarlo por ti misma/o, te espero en la próxima práctica.
Jenny Tenjo